lunes, 5 de abril de 2010

Los excesos pasan factura

lunes, 5 de abril de 2010
21 días es el periodo de tiempo en el que la mente humana es capaz de entrar o salir de una rutina, de un vicio, de una costumbre. Esta vez, Samanta Villar se ha introducido durante 21 días en el mundo de las drogas blandas para mostrar abiertamente los peligros a los que se someten los consumidores de cannabis y las diversas opiniones que hay referentes a este tema. Y no sólo eso, durante todo el reportaje la periodista consume cannabis y sus sucedáneos para reflejar en primera persona los efectos que estos narcóticos pueden causar en el organismo.

Samanta Villar ha sido muy criticada por su reportaje. Se le acusa de irresponsable ante el consumo desproporcionado al que se somete, también de exagerar los efectos de las drogas y de generalizar con el tipo de vida que llevan sus consumidores.

Lo cierto es que hay personas para las que la marihuana es más que un hábito de consumo, es un modo de vida. Pero, ¿realmente son conscientes de los efectos que ocasiona el cáñamo índico? ¿ o están demasiado “cegados” y nunca mejor dicho?

La reportera nos da a conocer las posturas a favor y en contra de esta droga. En el primer punto de vista nos encontramos a Fernanda de la Figuera, una señora de 65 años que lleva 40 consumiendo, y que prácticamente vive por y para la marihuana. Cocina con este tipo de hierba, fabrica sus propios remedios caseros con ella y por descontado, la fuma. Según Fernanda, la “maría” le ha ayudado a superar algunas situaciones dolorosas que se le han ido presentando a lo largo de la vida. Sin embargo, cuando Samanta comparte con ella su día a día podemos apreciar la reducción de sus capacidades intelectuales (al confundir términos) y la pérdida parcial de memoria ocasionada por el consumo continuado de cannabis.

En días sucesivos Samanta viaja a Bilbao y visita un club llamado Pannagh. Su fundador, Martín, que a la vez es el presidente de la Federación de Asociaciones Cannábicas (la agrupación está legalizada y regulada) se dedica a distribuir cannabis a sus 150 socios. Una de sus socias es Soraya, enferma de esclerosis múltiple, que cuenta cómo los efectos de la marihuana le calman el dolor y no necesita medicarse gracias a fumarse algún canutillo que otro. Recordemos que la “maría” no está legalizada en España, ¿sería lícito tomar represalias contra una persona que consume drogas blandas para paliar su dolor físico?

Cuando la periodista se desplaza a Mallorca evidencia la parte más oscura de los estupefacientes. Dos monitores de ‘El Proyecto Hombre’ de la isla, María Rosa y Marcos, narran cómo por los drogodependientes entran en una espiral de la que, en la mayoría de los casos, necesitan ayuda para salir.

No emplearé demasiado tiempo en comentar la postura en contra del cannabis, puesto que el comportamiento de Samanta bajo los efectos de las drogas lo deja bastante claro. Los experimentos demuestran que ir fumado puede provocar alteraciones en el estado de ánimo, agobio, pérdida de la memoria, dificultades en la coordinación y movimiento, y también afecta el ritmo cardíaco o la atención, entre otros síntomas. Sin tener en cuenta lo que los individuos pueden llegar a hacer si se encuentran con el síndrome de abstinencia.

La periodista da la sensación de hacer una ingesta irresponsable y masiva, ya que no todos los habituales de las drogas las toman ni con tanta frecuencia ni con tanta intensidad. También es cierto que comenzaba a fumar a partir de las nueve de la mañana y continuaba consumiendo todo el día, con lo que un organismo no acostumbrado a ingerir estas sustancias, se puede ver más perjudicado que otros que si lo están.


Pongamos que en vez de ‘21 días fumando porros’ hubieran sido ‘21 días a lingotazo limpio’. Samanta hubiera comenzado el día desayunando una tacita de ron con galletas, su almuerzo estaría compuesto por un par de cañas de cerveza, para comer “pollo al vino blanco” y de postre tarta de whisky. Y para hacer la digestión un Gin Tonic. ¡Qué hay que cuidarse! Frivolidades a parte, si la reportera hubiera seguido la misma dinámica para el alcohol que para el cannabis estaría ingresada por coma etílico.

No obstante, si los ‘21 días fumando porros’ hubieran ido más allá, en el hipotético caso de crear adicción, quizá podríamos haber visto las variaciones en el humor del sujeto e incluso las paranoias y manías persecutorias que pueden llegar a sufrir.

En definitiva, aunque cada individuo tenga reacciones diferentes, a la larga con un consumo excesivo, los resultados son los mismos y como con cualquier tipo de droga, hay reacciones comunes: la apatía, los fallos de la memoria, descoordinación, etc.

Ahora, ¿por qué el cannabis está ilegalizado y el alcohol siendo una sustancia tóxica e igualmente perjudicial no lo está? ¿Quizá con la legalización se controlaría el consumo y las adulteraciones de la mercancía? ¿Evitaríamos el mercado negro?

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